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Gaudí y cemento en el Berguedà

Miércoles, 19 Octubre 2022
¿Sabéis que Antoni Gaudí dejó un legado arquitectónico en el Berguedà? ¿Qué llevó a Gaudí hasta el Pre-Pirineo? ¡Te lo explicamos!
¿Sabías que los profesores de universidad de Gaudí dudaron de su capacidad? Elies Rogent, el director del centro en ese momento, comentó: “Le hemos dado el título a un genio o a un loco, el tiempo lo dirá”. Y el tiempo habló. Tanto es así que este arquitecto catalán se ha convertido en uno de los expertos más prodigiosos de su disciplina a nivel internacional.
 
            Y ahora viene la pregunta del millón… ¿Qué le llevó a Gaudí hasta el Berguedà? ¡Te lo contamos!
 
A principios del siglo XX, el señor Eusebi Güell Bacigalupi creó la primera fábrica de cemento Portland. Güell encargó a Antonio Gaudí la proyección del Chalet del Catllaràs, para que sirviera de vivienda de los trabajadores e ingenieros de las minas.
 
            Mientras duró su trabajo en la zona, Gaudí se alojó en casa de los señores Artigas, que eran los propietarios de una próspera fábrica textil. En agradecimiento a su hospitalidad, el reconocido artista les regaló el diseño de un jardín en un terreno que tenían junto a la casa.Como ya hemos comentado, los jardines estaban dentro del terreno de la casa de los señores Artigas, concretamente en la llamada Fuente de la Magnesia, en el cauce del río Llobregat.
 
            Los parecidos con el Parque Güell, que por aquel entonces construía el arquitecto en el barrio de Gracia en Barcelona, son más que visibles. Obviamente a menor escala, pero con grandes similitudes estilísticas y estructurales. Gaudí pidió a varios albañiles que habían trabajado en el Parque Güell que fueran a realizar esta obra.
 
            El resultado son unos jardines que conviven en armonía con la naturaleza, con varias construcciones perfectamente integradas como una gruta artificial que recuerda a la del parque de la Ciudadela de Barcelona. Es un jardín pensado para el paseo en el que destacan elementos como una Glorieta que hace las veces de mirador, la Cueva (donde estaba la Fuente de la Magnesia) y la cascada, hecha con piedras creando el reconocido “trencadís” que tantas veces se deja ver en muchas de las obras del arquitecto. Sin olvidarnos del merendero y de las serpientes enroscadas en el camino de la Glorieta.
 
            Sin duda un enigmático rincón donde se mezcla con perfecta armonía la naturaleza y la arquitectura. Un lugar para perderse y encontrarse entre las fuentes, bancos, puentes y barandillas con el Llobregat como testigo.  Aunque esta fábrica lleva cerrada unas tres décadas, los restos que todavía se pueden ver hoy narran a la perfección la majestuosidad de uno de los conjuntos fabriles más espectaculares de la industrialización catalana. Y en un entorno natural privilegiado.
 
            Se puede visitar el Museo y conocer la historia de forma amena y didáctica de esta fábrica que funcionó desde 1904 hasta 1975. La fábrica y su entorno fueron declarados bien cultural de interés nacional en la categoría de monumento histórico en 2005.
           
            Fue la encargada de proveer de cemento en un momento importantísimo de crecimiento de la sociedad industrial, cuando era necesario crear nuevas viviendas e infraestructuras y nuevos espacios de producción. 
Este ferrocarril fue el menor de los ferrocarriles de uso público en España ya que tenía un ancho de vía de 60 cm. Este Tren del cemento fue construido por la Compañía General de Asfaltos y Portland Asland para que realizará el transporte de cemento desde la fábrica (ubicada en Clot de Moro) hasta Guardiola de Berguedà. En esta localidad enlazaba con los Ferrocarriles Catalanes.
 
            En los primeros años del siglo XX el ferrocarril solo transportaba cemento y materiales de la fábrica pero años después, concretamente en 1914, comenzó a prestar servicio público de viajeros.
 
            En 1963 este ferrocarril hizo su último viaje. Hasta 2005 que volvió a ponerse en funcionamiento gracias a la reconstrucción de una parte del recorrido, concretamente de 3,5 kilómetros de gran belleza. El trayecto dura unos 20 minutos y lo hace una locomotora diésel que transporta, como máximo, cuatro coches con capacidad para 25 viajeros cada uno.
 
El Jou Nature se encuentra muy cerca de todas estas localidades y escenarios que guardan recelosas esta parte de la historia industrial y arquitectónica de Catalunya. No hay nada que nos guste más que albergar a los “curiosos y curiosas” que disfrutan descubriendo durante sus escapadas todos estos secretos.
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